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Mostrando entradas de octubre, 2011

Tu carácter, su procedimiento

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Los discípulos de Cristo tenemos que tener siempre presente, que el Señor va a respetar nuestro carácter y nuestra vocación, pero ha de ser Él quien fije los procedimientos y canalice nuestra voluntad y energías, en orden al propósito que ha dispuesto para cada uno de nosotros. Hemos recibido de Dios espíritu de fortaleza, de amor y de sobriedad (2 Tim 1:7). Hemos sido invitados a seguir los pasos de Cristo, por nuestro propio Padre (Juan 6:44), pero no es hasta que nos encontramos con Jesús; que lo conocemos; que nos vamos dando cuenta de su forma de pensar y de actuar; recién entonces, podemos encauzar nuestra necesidad de servir. Tomemos por ejemplo el discipulado del apóstol Pedro. Pedro había recibido el carácter de un líder, su ímpetu, su fervor, su dolor por la injusticia de ver a su pueblo sometido bajo el imperio romano. Eligió ser un agente de cambio, un revolucionario, razón por la cual, antes de convertirse a Cristo, era parte del partido político de los zelotes o celotas [i]

El hermano del hijo

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De las parábolas que Jesús nos dejó para nuestra edificación, sin duda, la que mejor sintetiza su Evangelio, es la ‘Parábola del hijo pródigo’. Muchas veces la hemos escuchado, analizado y aprendido de la Misericordia Divina, para con nosotros, los pecadores, siempre enfocados en el personaje del hijo menor. Hoy queremos reflexionar acerca de la actitud del hijo mayor Lucas 15:25-32 En el personaje del mayor, algunos teólogos ven representados a los fariseos, otros a los justos en general. Nosotros queremos identificarnos con él, como discípulos en la procura de alcanzar la santidad a la que estamos llamados. De las muchas actitudes que se manifiestan en la reacción del mayor ante la alegría de toda la casa y la comprensión ‘injustificada’ del padre, en la que seguramente todos coincidimos en percibir, es la de los celos. Desde Caín y Abel hasta los apóstoles, pasando por los salmos, la cuestión de la ‘paz de los pecadores’ ha sido motivo de discusión. Las manifestaciones de celos y la v…

En el templo y por las casas

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En una de las reflexiones que hace unos días compartimos, hablamos acerca de la vocación de los discípulos - entendida como llamada a una misión.


Las comunidades en sí mismas, también tienen vocaciones, con distintos perfiles: algunas en el orden social, otras en el orden de la intercesión, otras en algún ministerio o servicio, las hay centradas en el estudio de la Palabra y en la adoración y la alabanza. Pero sea cual sea la misión, el propósito es el mismo: siempre en orden a construir el reino de Dios en el mundo


Cuando meditamos en esto, siempre nos llama la atención, lo que nuestros primeros hermanos nos dejaron como enseñanza de su accionar, allá cuando en las primeras épocas, llenos del fervor y del compromiso con los que el Espíritu Santo ungía a las primeras comunidades cristianas:"...tanto en el Templo como en las casas, no cesaban de enseñar y de anunciar la Buena Noticia de Cristo Jesús" (Hechos 5:42)


En ese hito de atención intuimos una llamada vocacional comunitar…

Manejando conflictos

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Como discípulos de Cristo hemos recibido la misión de ser ‘Agentes de cambio’ en los lugares por donde nos toca transitar y entre la gente con la que nos toca vivir. Es muy importante que tengamos presente, no solamente, el qué sino el cómo, debemos lograr que ese cambio se produzca. Es inevitable que en nuestra vida laica – de pueblo  – como en nuestra tarea misionera, nos encontremos con conflictos, si así no le fuere, algo no andaría bien. Lo que es elegible es la manera en la que participamos de ellos, siempre podemos hacerlo a la manera del mundo o recordando lo que nos han enseñado, a la manera cristiana. Podemos tomar  por ejemplo, el alcance que encontramos en  Wikipedia, como contexto laico. “Se han avanzado muchas teorías acerca del origen del conflicto. Últimamente se puede alegar que el hombre es un animal social, y, por lo tanto, uno que responde a las tendencias tanto de competición como cooperación que se observan en animales sociales. Así se aduce que hay motivos últimame…

La casa vacía

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Andando por el camino, tratando de seguir las huellas que Cristo va dejando, nos hemos cruzado muchas veces con otros peregrinos, con los que compartimos el viaje y luego al tiempo dejamos de verlos. Algunos de ellos - como los nueve leprosos (Luc. 17:17) - una vez que encontraron alguna ‘solución’ para el problema puntual y faltos de agradecimiento, siguieron su viaje sin mirar para atrás. Otros que al principio parecían ‘muy tocados’ al tiempo se quedaron a un costado, quizás, pensando ‘hasta aquí llegué’, este es mi lugar de parada. Esta observación, que en algún momento nos llamaba más la atención, y como que ahora nos vamos acostumbrando, además de sacudirnos y motivarnos a actuar para revertir la situación, si lo pensamos en forma un poco egoísta, por aquello de ‘cuando la barba de tu vecino veas arder…’, debe ponernos en alerta, porque también a nosotros nos puede suceder. En otras reflexiones, hemos trazado un paralelo entre la experiencia cristiana del pueblo judío y nuestra evo…