El otro Felipe

Estamos a escasos treinta días de la fiesta de Pentecostés y va siendo hora que nos vayamos preparando para este acontecimiento, que tanto significa para nuestra comunidad carismática.
La semana pasada reflexionábamos en la respuesta de Felipe (el apóstol) cuando su fe fue tentada y leíamos cuán magro había resultado subordinarla a la razón.
La propuesta para esta reunión es analizar las actitudes de otro Felipe (el diácono).
Este Felipe, perseguido por los enemigos de los cristianos, herido por la terrible muerte de su compañero Esteban, dispersado, nos da una lección de disposición al Espíritu desde la narración de Lucas en Hechos (8:26-40)
Objetivo de la reunión:
Reconocer los frutos de la obediencia al Espíritu Santo:
·         Nos mueve de nuestras perezas y nos pone en acción. (Levántate)
·         Nos infunde el valor de andar en áreas desconocidas e inciertas (desierto)
·         Nos acerca hasta aquellos que otros discriminan (eunuco)
·         Nos instruye en la forma que tenemos que acercarnos (junto al carro)
·         Nos motiva a iluminar (¿Comprendes lo que estás leyendo?)
·         Nos transforma en evangelizadores (le anunció la Buena Noticia de Jesús)
·         Nos ayuda a integrar a otros a la comunidad (Felipe lo bautizó)
·         Nos alienta a no quedarnos con un primer logro y nos impulsa a nuevos desafíos (el Espíritu del Señor, arrebató a Felipe… y en todas las ciudades por donde pasaba iba anunciando la Buena Noticia)
Pautas de Reflexión:
El Ángel del Señor dijo a Felipe: "Levántate y ve hacia el sur, por el camino que baja de Jerusalén a Gaza: es un camino desierto". Él se levantó y partió.
Un eunuco etíope, ministro del tesoro y alto funcionario de Candace, la reina de Etiopía, había ido en peregrinación a Jerusalén y se volvía, sentado en su carruaje, leyendo al profeta Isaías.
El Espíritu Santo dijo a Felipe: "Acércate y camina junto a su carro". Felipe se acercó y, al oír que leía al profeta Isaías, le preguntó: "¿Comprendes lo que estás leyendo?
El respondió: "¿Cómo lo puedo entender, si nadie me lo explica?". Entonces le pidió a Felipe que subiera y se sentara junto a él.
El etíope preguntó a Felipe: "Dime, por favor, ¿de quién dice esto el Profeta? ¿De sí mismo o de algún otro? Entonces Felipe tomó la palabra y, comenzando por este texto de la Escritura, le anunció la Buena Noticia de Jesús.
Siguiendo su camino, llegaron a un lugar donde había agua, y el etíope dijo: "Aquí hay agua, ¿qué me impide ser bautizado?  Y ordenó que detuvieran el carro; ambos descendieron hasta el agua, y Felipe lo bautizó.
Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor, arrebató a Felipe, y el etíope no lo vio más, pero seguía gozoso su camino.
Felipe se encontró en Azoto, y en todas las ciudades por donde pasaba iba anunciando la Buena Noticia, hasta que llegó a Cesarea.

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