El Espíritu Santo, facilitador

Uno de los principales objetivos que nos marcamos cuando recibimos la gracia de poder servir como guías de esta comunidad carismática, fue: ‘que cada uno de los que la integramos, logremos tener una relación, íntima, personal y permanente con Jesús Resucitado.

Es buena cosa, revisarnos periódicamente a la luz de ese objetivo, porque como lo decimos reiteradamente, lo que está en juego, entre otros aspectos muy importantes, es también nuestra calidad de vida.

Sabido es que con Jesús, nos encontramos en la eucaristía, en la meditación de la Palabra, en la oración, en el sacramento de la reconciliación. Momentos imprescindibles en nuestra vida cristiana. Pero ¿cómo hacer para que esos encuentros, se transformen en una ‘relación permanente’?

Encontramos en las primeras comunidades cristiana, preocupaciones similares, y en el Evangelio de Juan, palabras de Jesús mismo, dándonos respuestas a preguntas que nos planteamos dos mil años después. Aquellas comunidades, que lo habían tenido presente, había convivido con ellos, y ahora ya no estaba porque había vuelto al Padre, cómo harían para conservarlo. Reflexionemos en Juan 14:15-27
Objetivo de la reunión:
Encontrar en las palabras de Jesús, las recomendaciones para tenerle siempre presente en nuestras vidas:
·         La relación con Cristo se basa en el amor recíproco, y se manifiesta de nuestra parte, en la obediencia a ese amor. (15)
·         Como consecuencia de esa práctica de amor, el Padre enviará – en el sentido de misión – a alguien que nos va a facilitar vivir de este modo, el Paráclito, un vicario del ‘ayudador’ primero. (16)
·         El Espíritu Santo, puede habitar en dentro de nosotros, gracias al amor recíproco en Cristo. Ese amor que el mundo no conoce (17)
·         El Padre y el Hijo, habitan en nosotros en la esencia del Espíritu Santo, que a su vez, facilita, que nos mantengamos en el amor-obediencia (23)
·         El Ayudador, nos enseña y nos recuerda, la vigencia y la constancia del cumplimiento del amor-mandato, facilitándonos la obediencia. (26)
·         La consecuencia para nuestras vidas, de la presencia de Cristo en ellas, es algo que en el mundo no se puede encontrar. Que no lo puede dar porque no lo tiene. Que cuando más lo busca por caminos equivocados, más se aleja de ello. La consecuencia es la Paz de Cristo, que sólo en Él se haya y que su Vicario nos facilita. (27)
Pautas de Reflexión:

Resulta que todos los mandamientos surgen del amor, que todos los preceptos son sólo uno, y cuyo único fundamento es la caridad. Las ramas de un árbol brotan de la misma raíz: así todas las virtudes nacen sólo de la caridad.

La rama de una buena obra, no permanece vigorosa, si se separa de la raíz de la caridad. Por lo tanto, los mandamientos del Señor son numerosos, y al mismo tiempo son uno - múltiple por la diversidad de las obras, uno en la raíz del amor. ¿Cómo mantener este amor?

El mismo Señor nos lo da a entender: en la mayoría de los preceptos de su Evangelio, ordena a sus amigos que se amen en Él, y que amen a sus enemigos por Él.

San Gregorio Magno (v. 540-604), Papa y doctor de la Iglesia

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