La Misericordia ¿te conmueve?

Cuando todavía resuenan en nuestra memoria los ecos de la lectura de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, que escucháramos en Semana Santa, nuestra madre Iglesia nos propone el ejercicio de la Novena a la Divina Misericordia.
El Viernes Santo del año 1937, Jesús le pidió a Santa Faustina que rezara una novena especial antes de la Fiesta de la Misericordia, y definió los grupos que ella traería a su Corazón.
 En especial, hoy queremos ocuparnos del grupo de almas del noveno día ‘las almas tibias’. Patología espiritual que afectaba a los primeros cristianos (Laodicea Apoc. 3:14-22) y que sigue vigente en nuestro tiempo.
Objetivo de la reunión:
·         Definir la tibieza como: "una carencia del fervor en el amor”. Al comenzar se amaba, pero ese amor ha decaído.
·         Identificar los síntomas de la tibieza espiritual: egoísmo y toda otra característica que empiece con ‘ego’, indiferencia, falta de servicio, falta de agradecimiento, falta de seguimiento, falta de compromiso, cristianismo ‘light’, falta de comunicación con Dios (oración y lectura)
·         Reconocer cómo nos afectan las variables de ambiente (las noticias que nos van endureciendo, guerras, conflictos, accidentes naturales y humanos)
·         Cómo volver a encender lo que se apagó.
Pautas de Reflexión:

NOVENO DÍA

Hoy, tráeme a las almas tibias y sumérgelas en el abismo de mi misericordia. Estas almas son las que más dolorosamente hieren mi Corazón. A causa de las almas tibias, mi alma experimentó la más intensa repugnancia en el Huerto de los Olivos. A causa de ellas dije: Padre, aleja de mí este Cáliz, si es tu voluntad. Para ellas, la última tabla de salvación consiste en recurrir a mi misericordia.

Jesús Misericordiosísimo, que eres la compasión misma, te traigo a las almas tibias a la morada de tu Piadosísimo Corazón. Que estas almas heladas que se parecen a cadáveres y te llenan de gran repugnancia se calienten con el fuego de tu amor puro. Oh Jesús Compasivísimo, ejercita la omnipotencia de tu misericordia y atráelas al mismo ardor de tu amor y concédeles el amor santo, porque tú lo puedes todo.

Padre Eterno, mira con misericordia a las almas tibias que, sin embargo, están encerradas en el Piadosísimo Corazón de Jesús. Padre de la Misericordia, te suplico por la amarga Pasión de tu Hijo y por su agonía de tres horas en la cruz, permite que también ellas glorifiquen el abismo de tu misericordia. Amén.

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