Evaluando nuestra comunidad en el Espíritu

Finalizando el año litúrgico, se nos plantea la necesidad de evaluar nuestra comunidad y de evaluarnos en comunidad. Como todos los temas que en este ámbito nos ocupan, trataremos de iluminarlo a la Luz de la Palabra.

Yendo a la Palabra, encontramos en el último Libro, El Apocalipsis, el libro de de las Revelaciones, una invitación a revisarnos como comunidad cristiana, a mirarnos como pensamos que Jesús nos puede ver, con una mirada crítica a la vez que amorosa y esperanzadora.

Quiso el Espíritu que hoy tuviésemos la oportunidad de leer las siete cartas a las iglesias de Asia (2,1-3,22) y servirnos de ellas como pautas de evaluación, facilitándosenos la pregunta ¿Se parece mi comunidad a alguna de estas iglesias?

La extensión y la riqueza simbólica de cada una de estas cartas, nos imposibilitan el análisis profundo del contexto histórico y las motivaciones de la profecía de Juan, sin restarle mérito ni sustancia, saquemos una foto, que nos sirva de modelo.

El cuerpo de las cartas contiene alabanzas y censuras, advertencias y exhortaciones; suele comenzar con las palabras «conozco (tus obras)», para recordar que a la mirada penetrante del Señor glorificado no se oculta nada que se relacione con la situación de las comunidades. Cuando el conjunto de la vida religiosa marcha en orden, se tiene ante todo, la alabanza y el reconocimiento y sólo en segundo lugar vienen los reproches que sea del caso hacer.
Las cartas terminan con una invitación, siempre igual, a escuchar el mensaje, y con una promesa para los vencedores, expresada en diferentes metáforas.

Como pautas generales de evaluación, tenemos que tener en cuenta:
1.     ‘Esto dice el Espíritu’ – Toda evaluación que hagamos de nuestra vida cristiana, debe ser discernida con la asistencia del Espíritu. No es lo que yo humanamente pienso, sino lo que el Espíritu me revele. No se trata de que sean mis emociones, ni mis sentimientos ni mi estado de ánimo las que evalúen.
2.     El enfoque es comunitario, no es personal. Nos estamos evaluando como cuerpo y no individualmente, no estamos en Cuaresma. Es decir, a la preguntas:
·         ¿Cómo está hoy mi vida espiritual? ¿Cuánto he crecido este año? ¿Cómo es mi relación con Cristo? ¿He sanado física y psicológicamente? Debemos sustituirlas por:
·         Mi comunidad: ¿Me ha posibilitado mi desarrollo espiritual? ¿He tenido la posibilidad de tratar asuntos que necesitaban destrabarse en mi desarrollo, espiritual, personal, de servicio? ¿He sido motivado y favorecido para tener encuentros personales con Cristo? Si el ambiente fue favorable ¿Qué impidió que lo aprovechara? ¿Cómo es la salud de mi comunidad? Sobre temas polémicos ¿me ha dado mi comunidad la visión del Cuerpo Místico de Cristo, su Iglesia? ¿El año que viene estará sana y fuerte?
3.     Estaremos en una mejor situación, si nosotros nos auto criticamos y el Señor nos alaba, que si nosotros nos alabamos y el Señor nos critica.

Miremos ahora la foto de las siete iglesias:

Éfeso debe permitir que se le haga un severo reproche, por haber decaído de su caridad primitiva. No se trata aquí del entusiasmo que la animaba en los primeros años de su existencia, sino del amor profundo, incondicional y generoso a Cristo y a los hermanos en la fe, de los primeros tiempos

Pérgamo merece también un reproche, porque tolera en su seno a un pequeño grupo de personas que profesan la doctrina de Balaam. Es ésta la designación metafórica de una herejía con características innegables de libertinaje en el sentido propio del término, es decir, de desenfreno moral.

Tiatira debe aceptar un serio reproche, porque deja libertad a una mujer, Jezabel, la cual ha seducido a un buen número de miembros de la comunidad. Induciéndolos a la fornicación y a los banquetes sagrados en honor de los ídolos, que tenían un marcado carácter gnóstico y libertino.

Al destacar estos signos (comida idolátrica, amor prostituido), el Apocalipsis nos lleva a la más honda crisis social. El ser humano es lo que come y lo que ama. Fundado como estaba en la tradición israelita de comensalidad y connubio (familia) y en la experiencia de Jesús, centrada en la comida compartida (multiplicación de panes) y la fidelidad afectiva (amor personal, relaciones fundadas en la verdad y confianza),

Sardes recibe un severo reproche. Se habla de ella como de una floreciente Iglesia modelo, pero la mirada inquisidora de Cristo sabe que la gran mayoría de sus miembros está espiritualmente muerta o dormida. Muerte y sueño espiritual tienen aquí el mismo sentido. En Cristo ha examinado sus obras, es decir, toda su conducta moral y religiosa, pero ha hallado que delante de Dios, o sea, juzgada según el criterio de Dios, es de escaso valor. En Sardes se preocupaban más de las manifestaciones externas que de la vida interior.

Laodicea recibe el más severo reproche, sin ningún elogio. Cristo la califica de tibia, sumida en el espíritu mundano y en la indiferencia. Es cierto que no ha caído en culpas graves, ni todavía ha renegado de Cristo (aún no está fría), pero le falta aquel espíritu de alegre entrega, el entusiasmo y la fiel adhesión que le darían calor.

La situación es tanto más peligrosa cuanto ni siquiera se da cuenta de la miseria en que se halla, antes, plenamente satisfecha de sí, se forja la ilusión de que todo va bien. Su estado de depresión religiosa se debe en el fondo a dos circunstancias: falta de graves tribulaciones o persecuciones, que contribuyen siempre a sacudir los ánimos, y también a que goza de un notable bienestar material.

Cristo descubre sin reparos su desnudez. Cuando la comunidad hace alarde de sus riquezas, quizá piensa en su riqueza material, pero sobre todo se imagina que abunda en bienes de orden espiritual", sin darse cuenta de que en realidad se debate en la pobreza y en la miseria: es pobre, ciega y desnuda.

Esmirna recibe un cálido elogio, sin sombra de reproche. Expresamente se pone de relieve su pobreza, o sea, su estrechez económica, consecuencia del reducido número de sus miembros, o bien de las dificultades en que se debatía. Por fortuna esta pobreza se ve ampliamente superada por su riqueza en bienes espirituales

Filadelfia recibe un cálido elogio, sin sombra de reproche. Todos saben que es pequeña y que sus miembros llevan una vida modesta (provienen, efectivamente, de grupos de esclavos y de pequeños comerciantes); no obstante, ha sido valiente en guardar fidelidad a la palabra de Dios y al nombre de Cristo.

Quizás mirando la foto y mirándonos, encontremos algunas fallas que deben ser corregidas y si por la gracia de Dios, o por nuestra falta de humildad, no encontrásemos ninguna, seamos precavidos.

Si prestas atención y escuchas atentamente, Jesús te va a decir qué puedes hacer tú, para que ante sus ojos, tu comunidad pueda recibir el regalo: Al vencedor le daré a comer del maná escondido, y le daré una piedra blanca, y en la piedra escrito un nombre nuevo que no conoce nadie sino quien lo recibe.

“¡El que tenga oídos, escuche este mensaje del Espíritu a las comunidades!”


Bibliografía: Alfred Wikenhauwer, El Apocalipsis de San Juan
Xabier Pikaza Ibarrondo - Apocalipsis

En este esquema de Xabier Pikaza, se resume la visión de Cristo para estas comunidades, que nos permite, saber a qué le debemos llamar bien y a qué mal, en nuestro análisis. 



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