Los altibajos del discípulo


Rosario dejó planteada esta pregunta como tema de reflexión: ¿Por qué pasamos por tantos altibajos en nuestra vida cristiana? ¿Por qué a veces pensamos haber dejado atrás alguna etapa de nuestra vida que queríamos superar y al rato nos volvemos a encontrar en la misma situación?

Un hombre que observaba una oruga vio que había un pequeño orificio y que la mariposa luchaba por abrirlo más grande y poder salir, notó que forcejeaba duramente para poder pasar su cuerpo a través del pequeño agujero, hasta que llegó un momento en el que pareció haber cesado de forcejear, pues aparentemente no progresaba en su intento.

Entonces el hombre, en su bondad, decidió ayudar a la mariposa y con una pequeña tijera cortó al lado del agujero para hacerlo más grande y ahí fue que por fin la mariposa pudo salir del capullo.

Sin embargo al salir la mariposa tenía el cuerpo muy hinchado y unas alas pequeñas y dobladas. Continuó observando, pues esperaba que en cualquier instante las alas se desdoblarían y crecerían lo suficiente para soportar al cuerpo, el cual se contraería al reducir lo hinchado que estaba.

Ninguna de las dos situaciones sucedieron y la mariposa solamente podía arrastrarse en círculos con su cuerpecito hinchado y sus alas dobladas...Nunca pudo llegar a volar.

Lo que el hombre en su bondad y apuro no entendió, fue que la restricción de la apertura del capullo y la lucha requerida por la mariposa, para salir por el diminuto agujero, era la forma en que la naturaleza forzaba fluidos del cuerpo de la mariposa hacia sus alas, para que estuviesen grandes y fuertes y luego pudiese volar.

Dios, en su infinita sabiduría, permite que pasemos por situaciones, muchas veces nada agradables, quizás con el mismo propósito, que permite que la mariposa desarrolle toda su capacidad, a través del esfuerzo.

Según Santiago el fruto de estas pruebas, y las obras que igual realiza el cristiano, aunque esté sometido a situaciones no queridas, nos llevan a la perfección  y a la madurez, sin que nos falte nada. (Cf. Santiago 1:2-4).

Por supuesto que no tenemos ni idea del porqué de este misterio de Dios expresado en la creación. ¿Será que la mariposa responde a un llamado superior que la impulsa a dejar su estado de oruga para convertirse en ese ser tan hermoso? ¿O será acaso que obedece a un instinto que la impulsa?

Sea lo que sea, si los discípulos respondiéramos al llamado de nuestro Padre o le obedeciéramos sus consejos y directivas, seguramente el tiempo de lucha que nos llevan a madurar, sería menor o por lo menos, mucho más esperanzado.

Siguiendo con el ejemplo de la mariposa: cuánta confianza debe tener una mariposa para dejar la seguridad del capullo y realizar ese cambio radical en su vida.

Probablemente esa confianza, esa entrega total, es donde se realiza la plenitud del discípulo.

Somos descendientes de aquel que por haber creído fue llamado amigo de Dios (Cf. Sant.2:23). ¿Cómo manifestó Abraham su fe? En la entrega total, ofreciendo algo más preciado que su propia vida, la vida de su hijo tan deseado, esperado por tantos años.

Llegado a ese punto, ya no hay marcha atrás. Haberle confiado a Dios lo más preciado que tenemos, el motivo de nuestros desvelos, nuestras angustias y necesidades, nos confirma que ya somos mariposas, que no podemos volver a meternos de nuevo en el capullo.

Confianza y obediencia, aún en las situaciones más extremas, ¿acaso no es lo mismo que Jesús nos dejó como enseñanza mientras velaba en Getsemaní?

Además de Getsemaní, donde nos enseñó con el ejemplo, también lo dijo claramente en varias oportunidades: 
  • Anteponer el amor a Dios sobre el amor a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida. (Luc.14-26)
  • Poner a Dios, por encima de cualquier bien terreno (Luc. 14-33)
  • Renunciar a sí mismo y aceptar cualquier destino, aunque sea la cruz. (Mat. 16-24)

 A Dios no necesitamos probarle nada, pero sí necesitamos probárnoslo a nosotros. Porque si no creemos que la aventura cristiana vale la pena, no vamos a poder llevar adelante la misión que Jesús nos encomienda. ¿Quién de ustedes, si quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qué terminarla? (Luc. 14-28)

Hecha esta introducción quizás podamos empezar a dar algunas respuestas del porqué de nuestros altibajos.

  1. Estamos en el proceso de la metamorfosis, dejando nuestra vieja vida en el capullo, para ser libres y cumplir nuestro propósito en la vida. Si cada prueba superada, va fortaleciéndonos, si se nota un avance hacia la nueva vida, estamos sanos, vamos madurando.Si cada prueba, nos retrae, si nos negamos a esforzarnos para salir adelante, algo no anda bien en el proceso, debemos revisar nuestras actitudes.
  2. Hace mucho tiempo que empezó el proceso y ni avanzamos ni retrocedemos, estamos estancados. Nuestras alas están débiles y dejamos de esforzarnos. Eso es comodidad.Si los capullos llegan a secarse sin haber terminado su proceso, ya no habrá vida. El grano cayó a la tierra, pero no dio fruto.
  3. Hace ya rato que somos mariposas pero no queremos darnos cuenta y en lugar de volar nos arrastramos. Añoramos nuestra vida en el capullo, no somos capaces de ver las bendiciones que nos adornan y tenemos temor de enfrentar el nuevo desafío.

Detengámonos, un poco más sobre este punto.

Querer vivir como orugas cuando somos mariposas, es imposible. Querer vivir nuestra vida en Cristo sin despojarnos de nuestras antiguas vidas también lo es. Entramos en conflicto, entre lo que nuestro espíritu empuja y lo que nuestro cuerpo y nuestra alma, están dispuestos a aceptar.

Jesús fue muy claro al respecto: Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque los odres revientan, el vino se derrama y los odres se pierden. (Mat. 9-17) Si hemos recibido el Espíritu Santo, no podemos tratar de guardarlo en nuestra antigua vida, ya que nuestra antigua vida, no es capaz de contenerlo.

No trates de engañarte asumiendo que sigues estando en una etapa de tu vida que ya fue superada, porque te haces daño. Sufres como un odre viejo al que el vino nuevo fuerza por madurar.

Date cuenta de una vez por todas que eres libre, confía en Dios, entrégale tu vida a Cristo y cree esperanza contra esperanza, no sólo que serás justificado, sino que habrás logrado obtener una vida sana, en plenitud y en abundancia.

Pidámosle al Espíritu Santo que nos de el discernimiento adecuado para entender por fin, que Dios, nos está formando y nos quiere ver sanos, fuertes, alegres. Nos quiere ver tan libres como el vuelo de las mariposas, no nos quiere ver arrastrando vidas secas, sin fruto.

Encomienda al Señor tu camino; confía en él, y él actuará. (Sal. 37-5)

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