¿Qué necesita ver la gente?

Cuando la semana pasada nos preguntábamos ¿Qué necesita escuchar la gente?, algunos hermanos coincidieron en que la gente común quisiera saber si Dios realmente los ama, y agregaban, en realidad, más que escuchar quieren ver, comprobar que es así.
Es lógico, en un mundo que se ha convertido en un mercado - donde llegan propuestas de todo tipo, para ofrecer satisfacción a las distintas necesidades, y donde no hay tales necesidades, se aprenden técnicas para crearlas - que el hombre común trate de saber si lo que se le ofrece es real, o una de las tantas promesas que recibe a diario. 

Hemos aprendido y comprendido que si queremos ver el amor de Dios, tenemos que mirar la Cruz, ‘Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna Juan’ 3:16 Pero eso le hemos conocido luego de abrir nuestro corazón a Cristo. Quizás ya nos hayamos olvidado de cómo éramos antes de ese momento, pero como el hombre común, quizás también nosotros pensáramos, que ese hombre que colgaba de la cruz, por más bueno que hubiera sido, y por más injusta que hubiera sido su muerte, poco tenía que ver con nosotros. Era algo que había pasado hace dos mil años y no había forma que eso tuviera algún efecto en nuestra vida.

Quedarnos con esta idea, nos llevaría a un círculo vicioso, ya que no podríamos mostrarle a la gente el Amor de Dios, si antes no le abrían el corazón a Cristo, y no se lo iban a abrir si no pensaran que fueran a obtener algún provecho de ello. ¿Cómo hacer entonces para convertir ese círculo vicioso en un círculo virtuoso? ¿Qué haría Jesús en nuestro lugar?

Cuando el apóstol Felipe, le pidió al Señor, que le mostrara al Padre, Jesús le respondió: ‘El que me ha visto, ha visto al Padre’ (cf Juan 14:8-11) Esto, nos da una nueva perspectiva: Podemos mostrar el amor de Dios, si llegamos a poder mostrar el amor de Jesús. ¿Cómo manifestó Jesús ese amor? ‘Créanlo, al menos, por las obras’ (14:9) 

Es tan amplia la respuesta, que nos agobia pensar, en cómo nosotros, discípulos siglo XXI, podemos llegar a emular las obras de nuestro Maestro, entonces nos desafía un poco más Les aseguro que el que cree en mí hará también las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre (14:12).

Para iluminarnos, nos aclara más adelante: "El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él’. (14:23) y también nos detalla la forma en que eso sucederá ‘el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho’ (14:26) y qué es lo que tenemos que hacer nosotros Si ustedes me piden algo en mi Nombre, yo lo haré. (14:14)

Si vamos entendiendo, podríamos resumir el plan, en los siguientes pasos:
1. Orar al Padre en el nombre de Jesús, pidiendo que nos envíe el Espíritu Santo.
Estar atentos a lo que el Espíritu Santo nos enseñe y nos recuerde de las enseñanzas del Maestro.
3. Ser fiel a esas enseñanzas.
4. Recordar que Jesús habita en nuestros corazones y que en Él habita Dios Padre.
5. Abrirnos al amor del Padre, dejándonos amar.
6. Hacer las obras que Cristo hizo
7. Mostrarle al hombre común que esas obras son una manifestación del Amor de Dios.

Está clarísimo… hasta el quinto punto. Pero el sexto…

Si pensáramos en las obras que Jesús realizó por ser verdadero Dios, nos excusaríamos diciendo, ‘ah, esto no es para mí, simple mortal’, pero estaríamos dejando de lado las obras que Jesús hizo siendo verdaderamente hombre, que se pueden resumir en pocas palabras y mucho sentido, ‘pasó haciendo el bien’ (cf Hch 10:38)

Entonces, en nuestra naturaleza, con nuestras capacidades, con nuestros recursos, en nuestro ambiente, con nuestras debilidades y nuestras fortalezas, pero llenos del Espíritu Santo, podemos elegir pasar nuestra vida haciendo el bien.

¿Y respecto al séptimo punto? 

Lo que hemos visto pasar la Gloria de Dios a nuestro lado, que de algún modo fuimos instrumentos de su gracia, sabemos que es muy difícil para el receptor de esa gracia, reconocer que la misma proviene de Dios, e instintivamente nos atribuye la autoría. Nunca, nunca, nos tenemos que olvidar de dónde proviene esa gracia, y antes de pestañar debemos hacerle entender al bendecido que proviene de Dios, por los méritos de Jesucristo y por la unción del Espíritu Santo, que nosotros sólo estábamos ahí, cuando Jesús pasó por sus vidas.

Debemos ser ambiciosos. Por lo menos nosotros, no queremos ser honrados por los hombres y recibir en
ello nuestra recompensa (cf Mateo 6:2) Aspiremos a que nuestro nombre quede escrito en el Libro de la Vida.

Cada vez, que hagamos algo por alguien, un consejo, una oración, un plato de comida caliente, que todos sepan que no viene de nosotros sino del amor de Dios, actuando a través de nosotros.

Viceversa, si somos referentes, cada vez que nos salgamos de libreto, que hagamos lo que Jesús reprueba, que el otro sepa que eso no proviene de Dios, sino de nuestra humanidad en reparación.

Mostremos al hombre común que el amor de Dios, se puede manifestar a través de sus hijos, ya que somos las ‘manos de Dios’ 

Pongámonos en la presencia de Dios y pidámosle de corazón: 


Papito Dios, te damos gracias por habernos dado la oportunidad de ser partícipes de tu Divina Providencia y confiar en nosotros para ser instrumentos de tu amor y de tu paz.
Te pedimos que derrames tu Espíritu Santo como aceite de unción en nuestra vida, te lo pedimos en el nombre de Nuestro Señor Jesucristo, que entregó su vida, para que esto pudiera ser real, y el Paráclito fuera su vicario en nuestras vidas.
Señor Jesús, te pedimos que aunque nosotros nos distraigamos, nunca nos abandones, permanezcas en dentro de nosotros, continúes restaurándonos y hagas de nosotros, las personas que Tú quieres que seamos.
Espíritu Santo de Dios, ven a recordarnos las enseñanzas de nuestro Maestro y a enseñarnos cómo ponerlas en práctica. Motiva en nosotros una fuente viva de bien, destinada a todos aquellos que el Señor ha puesto en nuestro camino, y que el Padre eligió, para ser llevados hasta Cristo.
Haz que desaparezcamos para que aparezca Cristo, haz que nos callemos para que seas Tú quien hable, haz que podamos transmitir la tibieza del Amor de Dios, a todos aquellos que aguardan por ella.
La Gloria siempre a Ti, Dios trino, amén, amén.

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