Amor en acción

En la reflexión anterior hablábamos de que era posible mostrar el amor de Dios, a las personas, al hombre común, a través de las obras de Jesús actuando en nosotros por medio del Espíritu Santo y decíamos:

Cada vez, que hagamos algo por alguien, un consejo, una oración, un plato de comida caliente, que todos sepan que no viene de nosotros sino del amor de Dios, actuando a través de nosotros.

Debemos reconocer que la mayoría de las veces, el verdadero obstáculo para que esto se cumpla, somos nosotros mismos, con nuestros conflictos, nuestros sentimientos, nuestras pasiones. Somos quienes nos oponemos al fluir del amor de Dios, que mora en nuestras vidas, por los méritos de Jesucristo.

Y como siempre nos estamos excusando, porque no nos gusta quedar en evidencia cuando estamos fallando, ponemos bien lejos de nuestras capacidades el poder manifestar ese amor. Que esto es demasiado difícil, que aquello es algo para lo que no estoy preparado, que todavía soy inmaduro, y la lista sigue.

Leemos en la Palabra ‘Hasta ahora, ustedes no tuvieron tentaciones que superen sus fuerzas humanas. Dios es fiel, y él no permitirá que sean tentados más allá de sus fuerzas. Al contrario, en el momento de la tentación, les dará el medio de librarse de ella, y los ayudará a soportarla. (1 Cor. 10:13)’ y lo primero que pensamos es en pruebas terribles por las que tendremos que atravesar, casi a la manera de superhéroes de la cristiandad.

Nunca se nos ocurre pensar que las tentaciones cotidianas, ordinarias, frecuentes, son aquellas que nos enfrentan a rechazar lo que Dios espera de nosotros y que puso por ejemplo en Cristo, su Imagen visible. Porque si pensáramos en eso, ya no tendríamos excusa.

¿Qué tiene que ver eso con el amor de Dios manifestándose en nuestras vidas? Sencillo, una de las tentaciones a la que nos vemos enfrentados diariamente, es ni más ni menos, que a ejercer ese amor, ponerlo en acción.

Podríamos tomar alguna de las encíclicas como DEUS CARITAS EST (Dios es amor) o CARITAS IN VERITATE, o algún otro texto de nuestra rica tradición católica, pero quizás fuera tan amplio de analizar que nos quedaríamos sin margen para la aplicación.

Por eso vamos a tomar un texto, que todos conocemos y tan poco aplicamos. El apóstol Pablo, inspirado, sin duda en la imagen de NS Jesucristo, nos dice del amor aplicado: ‘Tener amor es saber soportar, ser bondadoso; es no tener envidia, no ser presumido, orgulloso, grosero o egoísta; es no enojarse ni guardar rencor; es no alegrarse de las injusticias, sino de la verdad. Tener amor es sufrirlo todo, creerlo todo, soportarlo todo’. (1 Cor. 13:4-7 versión Dios Habla Hoy)

Es probable, que cada uno de nosotros identifique un ambiente apropiado para aplicar estas características y mostrarle a la gente el amor en acción. Para algunos será la familia, para otros los amigos, los hermanos de comunidad, los compañeros de trabajo, de estudio, aquella persona en situación de calle que necesita un abrigo o un plato caliente, aquella persona que se siente sola y la lista sigue y sigue.

El ambiente no importa. El énfasis en una u otra característica del amor, tampoco. Lo que importa es que Jesús, nos ‘plantó’ en un lugar, en un momento, y en ese lugar y en ese momento debemos dar frutos.

¿Puedes demostrarles a las personas que esperan ver el amor de Dios, estas características en tu vida? Claro que lo puedes. ¿Te acuerdas de la promesa? no permitirá que sean tentados más allá de sus fuerzas

Ahora, pensemos un poco, en cuáles de esas características, estamos impidiendo que se manifiesten en nuestras vidas, qué es lo que más nos cuesta. A qué tentación estamos cediendo. Y oremos por ellas, para que el Señor cumpla en nosotros su promesa y nuestras fuerzas, las que Él nos regaló, se manifiesten con el poder y el auxilio del Espíritu Santo, para que podamos poner el Amor en acción, y así mostrarle al hombre común, que espera ver ese Amor de Dios, que Él existe y sigue gobernando el curso de la historia, de nuestra historia.

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