Los Cristianos No Somos Inmunes

Introducción:
Como cristianos, algunos tendemos a pensar que si solo tenemos más fe, entonces no nos deprimiremos. Esto y otros mitos son explorados por este artículo de Kenneth Parker.
Nadie es inmune. La depresión puede deslizarse silenciosamente en nuestras vidas o puede golpear tan fuerte que pensemos que hemos sido abrazados por ella. La encontramos en toda edad y en cualquier grupo socio-económico. Estos son hechos que la mayoría de nosotros aceptamos rápidamente.
Sin embargo, es difícil de entender y de contender con la depresión si llega a ser un problema personal o de algún familiar, o de algún miembro del grupo de estudio bíblico, o de la fantástica familia cristiana que vive al lado. Los cristianos no son la excepción. Ellos también experimentan la depresión.
¿Por qué batallamos con la idea de que los cristianos pueden padecer de depresión? Esto está parcialmente relacionado a no conocer la compleja interacción espiritual, psicológica y física de los factores involucrados. También hay una serie de falsos conceptos comunes entre los cristianos sobre la relación entre la depresión y la espiritualidad.
Desarrollo
Mito Nº 1 SI YO FUERA UN MEJOR CRISTIANO NO ME DEPRIMIRÍA
Muchos cristianos creen que si ellos son lo suficientemente fuertes en la fe, podrán prevenir la depresión. O si entran en depresión, piensan que podrán vencerla siendo más espirituales. Si aún permanecen en depresión concluyen que son espiritualmente inadecuados.
Irónicamente, esta auto condenación fomenta sus ya existentes sentimientos de culpa y de fracaso, los cuales a su tiempo perpetúan la depresión.
La depresión a menudo involucra cambios bioquímicos en el cerebro, tantos como el temprano aprendizaje en la niñez que por su naturaleza es a nivel inconsciente. No quiero decir que los individuos no tienen responsabilidad en manejar la depresión. Son responsables de hacer todo lo que pueden para mantener sus cuerpos y mentes saludables a través de dieta, ejercicio, descanso adecuado, y tiempo con la Palabra de Dios.

Sin embargo, a veces todos estos esfuerzos no cambian la realidad de la depresión. La auto condenación no es la respuesta. Es importante conseguir ayuda.
Mito Nº 2 LA DEPRESIÓN DEBE SER UN SIGNO DE PECADO NO CONFESADO
El pecado no confesado puede, por supuesto, ser una causa de depresión. El rey David experimentó una tremenda carga de culpa y depresión por su pecado con Betsabé. «Mientras callé se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día» (Salmo 32.3). David confesó su pecado y eventualmente experimentó alivio de su depresión.
En la lucha contra el pecado en nuestras vidas, tenemos dos elecciones. Podemos confesar el pecado y recibir perdón, o podemos negar el pecado e inconscientemente intentar mantenernos lejos de él. Esta forma de actuar utiliza los mecanismos de defensa de la negación y la represión. Rehusar el reconocimiento del pecado demanda una tremenda cantidad de energía mental. La depresión es a menudo el resultado de ello. Nota del editor Pero rehusar el perdón que se nos ha concedido también demanda una tremenda cantidad de energía mental.
Mito Nº 3 PUEDO CURARME DE LA DEPRESIÓN ORANDO Y LEYENDO MÁS LA BIBLIA
He trabajado con muchas personas que abrazaron este mito e intentaron corregir su depresión a través de un cambio de comportamiento. Pasaron horas orando y se involucraron en dos o tres estudios bíblicos además de participar regularmente en los cultos en la iglesia, y sin ningún efecto apreciable sobre su depresión. En muchos casos, esto ha incrementado sus sentimientos de culpa y fracaso.
Por cierto es vitalmente importante permanecer cerca del Señor. El Señor es el sanador primario, y toda sanidad de desórdenes emocionales y físicos finalmente viene a través del poder del Espíritu Santo.
A veces la oración es una experiencia emocional en la cual realmente sentimos la presencia del Espíritu Santo. Podemos sentirnos rejuvenecidos y nos es recordado el amor de Dios. Sin embargo, Dios usa muchas formas de sanar. Trabaja a través de doctores, psiquiatras, consejeros, pastores, familiares y otros creyentes.
Una persona que está experimentando depresión no debe permitir que su vida de oración decaiga, pero, por el otro lado, no debe sentir que ha fallado como cristiano si la oración no prueba ser eficaz para aliviar sus síntomas de depresión. Puede ser que Dios lo esté dirigiendo por otros caminos para obtener la sanidad.
Hay un aspecto de la depresión que llamamos embotamiento emocional. Es una limitación en nuestra habilidad de responder emocionalmente a cosas que previamente ocasionaron intensos sentimientos. Podemos no experimentar los sentimientos de confirmación que acompañan al conocimiento de que Dios está y siempre estará presente. Es entonces que debemos descansar en la verdad de que Dios es quien dice ser y que él cumple Sus promesas, sintamos o no su presencia.
Para esas personas depresivas que han experimentado la aparente oración sin respuesta, les ofrezco el siguiente incentivo: Dios nos encuentra donde estemos.
Dios sabe de nuestra depresión y de las limitaciones de nuestros sentimientos durante la depresión. Debemos recordar que la fe no siempre es un sentimiento. Es una realidad y una verdad y no desaparece aún cuando nuestros sentimientos lo hagan.
Mito Nº 4 YO NO MEREZCO SER FELIZ
Muchas personas creen que si están deprimidas, es porque están siendo castigadas por pecados pasados o presentes y que ese es el estado en que Dios los quiere en ese momento.
Satanás tiene gran interés de que nos sintamos indignos e infelices. Si nos estamos sintiendo culpables e indignos, hemos sido debilitados como testigos de Dios.

El Señor quiere que seamos felices y que estemos contentos, porque ese es un testimonio de su gloria. Esto no significa que debemos estar absolutamente felices todo el tiempo, negando el sufrimiento traído por problemas y dolor.
Es cierto que somos pecadores y que hemos caído de la gloria de Dios, pero a través del gratuito regalo de Jesucristo, se nos ha otorgado un camino para lograr la felicidad a pesar de nuestros defectos.
No merecemos la felicidad por nuestros propios méritos, pero sí la merecemos porque Jesús nos la dio como un regalo. Jesús dijo: «Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia» (Juan 10.10b). Por esto somos libres para ser felices, no porque lo hayamos ganado, sino por lo que Dios ha hecho por nosotros.
Mito Nº 5 LA DEPRESIÓN ES UNA SEÑAL DE QUE HE PERDIDO MI SALVACIÓN
La línea de pensamiento es: «Si ya no siento la presencia del Espíritu Santo, significa que él se apartó de mí. Por lo tanto no soy más salvo». Este es un sub-producto de la culpa que flota libremente y del pensamiento negativo que acompaña a la depresión.
Juan 3.16 asegura: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna».
La salvación no reside en nada que hagamos o no hagamos fuera de aceptar el regalo de Dios de la vida eterna a través de su Hijo. El hecho de que un desorden psicológico, tal como la depresión, puede alterar nuestros sentimientos y encausarnos en el pensamiento negativo no altera la realidad constante de la muerte de Jesús en la cruz y de nuestra salvación a través de la fe en él.
LLEVAR LAS CARGAS, UNO DEL OTRO
«Dijo Jesús a sus discípulos: Imposible es que no vengan tropiezos; mas ¡ay de aquel por quien vienen! Mejor le fuera que se le atase al cuello una piedra de molino y se le arrojase al mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeñitos» (Lucas 17.1-2).
Es difícil, para alguien que nunca ha experimentado el dolor emocional de la depresión, comprender verdaderamente lo que es. Cuando estás ministrando a un amigo o a un miembro de una familia que está en depresión, no seas como los amigos de Job que fueron rápidos en acusarlo y encontrarlo en falta.
Mejor permítenos: «Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo» (Gálatas 6.2).
No; los cristianos no somos inmunes a la depresión. Si, a causa de falso orgullo, rehusamos buscar tratamiento para nuestra depresión, muy probablemente permaneceremos en la depresión.
Dios nos ha confiado nuestras mentes y cuerpos para que los cuidemos mientras permanezcamos en este planeta. Somos responsables de buscar tratamiento para nuestra depresión y por hacer todo lo que sea necesario para estar saludables espiritual, emocional y físicamente.
Por sobre todo, debemos esforzarnos por recordar que aún cuando sucumbamos ante la depresión, a la ansiedad o a cualquier otro tipo de desorden emocional que exista en este mundo, primero, por sobre todo, somos hijos de Dios.
El amor y la aceptación de Dios no dependen de nuestros sentimientos o nuestro estado emocional, sino en lo que él ha hecho por nosotros. Él prometió que nunca nos abandonará o nos desamparará. Aún cuando nuestros sentimientos vayan arriba y abajo, nuestra salvación es constante y eterna.
Fuente: http://www.ccana.org/familia_16.html - Consejería Cristiana
A este muy buen resumen de muchos mitos a los que nos enfrentamos, quisiéramos agregar un tramo del discurso de Juan Pablo II a la XVIII Conferencia Internacional sobre "la depresión", del Consejo Pontificio para la Salud:
El papel de quienes atienden a una persona deprimida sin una función específicamente terapéutica consiste sobre todo en ayudarla a recuperar la propia estima, la confianza en sus capacidades, el interés por el futuro, las ganas de vivir.
Por eso, es importante tender la mano a los enfermos, hacerles percibir la ternura de Dios, integrarlos en una comunidad de fe y de vida en la que se sientan acogidos, comprendidos, sostenidos, en una palabra, dignos de amar y de ser amados.
Para ellos, al igual que para cualquier otra persona, contemplar a Cristo y dejarse «guiar» por Él es la experiencia que les abre a la esperanza y les lleva a optar por la vida (Cf. Deuteronomio 30, 19).
En el camino espiritual, la lectura y la meditación de los Salmos, en los que el autor sagrado expresa en oración sus alegrías y angustias, puede ser de gran ayuda. El rezo del Rosario permite encontrar en María una Madre cariñosa que enseña a vivir en Cristo. La participación en la Eucaristía es manantial de paz interior, ya sea por la eficacia de la Palabra y del Pan de Vida ya sea para la integración en la comunidad eclesial.
Si bien a la persona deprimida le cuesta un gran esfuerzo lo que a los demás parece ser algo sencillo y espontáneo, es necesario ayudarla con paciencia y delicadeza, recordando la advertencia de santa Teresa del Niño Jesús: «Los pequeños dan pasos pequeños».
Aplicación
Es muy importante poder discernir entre un sentimiento de tristeza o abatimiento y el padecer de depresión. El uno deberá ser derrotado por la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas y sus frutos de sanidad, en un entorno de alabanza y adoración a Dios nuestro padre, que confirmarán nuestra esperanza, nuestra fe y nuestra confianza.
Mientras que el otro, además de lo anterior y apoyándose en ello, necesitará de asistencia profesional.
Para poder discernir correctamente, debemos despojarnos de todo tipo de mito seudo-religioso que nos llene de prejuicios y agrave mucho más la situación.
Ya sea que nos haya tocado ser una de las 121 millones de personas en el mundo que padecen de este trastorno, o que haya pegado cerca, en la familia, en la comunidad, entre nuestras amistades, tenemos que tener mínimos conocimientos de cómo manejar la situación y para ello, confiando en Él nos va a dar la respuesta de algún modo, acerquémonos confiadamente a preguntarle ¿Qué debo hacer Señor?

No hay comentarios:

Publicar un comentario