Camino de Emaús

Introducción:
La mayoría de las veces, cuando el corazón es agradecido, nos parece ‘ver’ la presencia de Jesús en nuestras vidas cuando nos va bien, cuando recibimos gracias y bendiciones, cuando nuestras oraciones son contestadas y nuestras expectativas son satisfechas.
Sin embargo, cuando algo no anda bien, cuando no entendemos la situación por la que atravesamos, cuando nos agobia la ansiedad, parece que Dios calla, que Jesús no está con nosotros, que estamos solos.
De esta forma, nuestra vida se vuelve ciclotímica y pasamos de la euforia a la depresión en cuestión de horas. Vivimos pestañeando y perdemos de vista a Jesús, que por más que no ‘lo sintamos’ está siempre a nuestro lado.
Encontramos en la Palabra, un pasaje cargado de simbolismo, que nos enseñan una hermosa lección en ese sentido, con fuerza y actualidad, a través de la situación que vivieron dos discípulos de Jesús, cuando iban camino a Emaús, en tiempo de Pascua, como ahora nosotros.
Estos dos discípulos, no eran apóstoles, como nosotros, no ocupaban lugares de relevancia en la comunidad de Jesús, como nosotros, transitaban el camino, como nosotros, no habían entendido el mensaje del Maestro, como nosotros en muchas oportunidades.
Por eso, reflexionar sobre este pasaje, tiene un valor adicional al intrínseco, tiene el valor de estar aprendiendo de personas como nosotros mismos.
Desarrollo
Ponte en la presencia del Señor, pídele al Espíritu Santo que te ayude a discernir la enseñanza que guarda este pasaje Lucas 24:13-35, y contesta sin apresurarte, las siguientes preguntas:
  1. ¿De dónde venían los discípulos? (v.13) ¿Qué significaba para los judíos ese lugar, desde el punto de vista religioso?
  2. ¿Hacia dónde iban? (v.13) ¿Qué representaba para ellos en su vida cotidiana?
  3. ¿Qué hacían cuando Jesús se les presentó? ¿Qué hizo Jesús? (v.15)
  4. ¿Por qué te parece que sus ojos estaban velados para que no conociesen a Jesús? (v. 16) Ayúdate con este otro versículo: Juan 20:29
  5. ¿Cuál era el estado de ánimo de los discípulos? (v. 17)
  6. ¿Por qué estaban tristes? ¿Qué expectativas tenían? (v. 21)
  7. Como no sucedió lo que esperaban ¿Cómo identificaban a Jesús? ¿Cómo al Mesías? (v. 19)
  8. ¿Habían entendido que Jesús resucitaría? (vs. 22-34)
  9. ¿Cómo los reprende Jesús y porqué? (v. 25)
  10. ¿Qué hizo Jesús a continuación para enseñarles lo que ya habían escuchado y no habían entendido? (v. 27)
  11. Cuando terminó de enseñarles ¿Qué le pidieron los discípulos? (v.29)
  12. ¿Qué hizo Jesús ante el pedido? (v. 29)
  13. ¿Qué representa lo que hizo Jesús en la mesa? (v.30)
  14. ¿Qué ocasionó en los discípulos lo que Jesús hizo en la mesa? (v.31)
  15. ¿Qué les estaba sucediendo mientras escuchaban la Palabra? (v.32)
  16. ¿Cuál fue la acción inmediata de los discípulos después de reconocer a Jesús Resucitado? (vs. 33-35)
Aplicación
Es posible que en tu camino, te toque pasar por situaciones de incertidumbre. Es posible que aunque estés asistiendo a misa, a reuniones de comunidad, que estés aprendiendo de Jesús, te estés formando una imagen errada de Jesús. Es posible que te estés construyendo un Jesús a tu imagen y semejanza.
Si eso sucede, también es muy posible que sufras decepciones y quebrantos, porque tus caminos no son los caminos de Dios.
Jesús nos ha repetido en varias oportunidades, que no debemos esperar a verlo, para creer en él, que no debemos pedir señales, porque no habrá más señales de las que ya hemos conocido Mateo 12:39-40
Cuando pienses en Jesús, cuando hables de Él, cuando converses con Él, se pondrá a tu lado como lo hizo con los discípulos de Emáus.
Que no te venza el desánimo cuando tus expectativas no se vean colmadas rápidamente, porque puedes confundir a Jesús con un mago, puedes subestimarlo, perdiendo tu confianza en Él, tratándolo como un profeta y no como Hijo de Dios.
Tienes la oportunidad de escuchar la Palabra de Dios frecuentemente. Tienes la bendición de pertenecer a una comunidad carismática, donde el Espíritu Santo se mueve con poder, revelando la voluntad de Dios. Cuando escuchas la Palabra ¿te arde el corazón? ¿Sientes la presencia de Jesús vivo y resucitado?
Cuando participas de la Misa, cuando recibes el Cuerpo de Cristo, en el sacramento de la Eucaristía ¿reconoces a Jesús o te estás perdiendo esa oportunidad?
Aprovecha las señales que Jesús te da, su Palabra y su Cuerpo, y te vas a encontrar con el Mesías como los discípulos de Emaús. No busques otra señal, no pidas signos, porque no vas a tener otro que Jesús Resucitado, presente en su Palabra y en los Sacramentos.
Si no es así, si eso no te está pasando, ora, ora mucho, pregúntale a Jesús ¿Qué debo hacer Señor?

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