¿Amor o Miedo?

Introducción:
Entre el infierno y el paraíso
Por Pedro Moreno

Para LA NACION

Viernes 11 de abril de 2008 | Publicado en la Edición impresa
Tengo la hipótesis de que las emociones básicas del ser humano son dos: el amor y el miedo. Cada vez estoy más convencido de que esto es cierto, y de que, más aún, todo puede analizarse desde esta óptica.

Ensayaré la relación que puede tener este fenómeno con las creencias y las actitudes.


Podría decirse que hay dos cosmovisiones extremas (e, incluso, que van más allá de ser ateo o tener fe en un Dios).



La primera consiste en pensar que todo lo que sucede está signado por el azar y la casualidad. Concretamente, no se le alcanza a encontrar una finalidad a la existencia. Entretanto, se está permanentemente prevenido ante la posibilidad de que alguna desgracia o mala suerte esté por llegar. La persona tiende a quedar dominada por un cúmulo de miedos, que en realidad es uno solo: el miedo existencial.

Entonces la vida se torna dificultosa e insoportable, con una sensación de eterna inseguridad. Así, con ese miedo, lo más probable es que:

  • Se vea en la naturaleza pura escasez, depredándola a más no poder.
  • Se vea al otro como a un competidor, e incluso como a un enemigo...
  • Se vea la uniformidad como una seguridad, arrastrado a sentir rechazo por la diferencia en todas sus formas...
  • Se vea el trabajo como un mal necesario, adoptando la ley del menor esfuerzo...
  • Se vea el dinero como una gran cosa y se transforme uno en un ambicioso empedernido y consumidor compulsivo...
  • Se vea todo en función de una supuesta conveniencia, con lo que cada día se convierte en algo tan especulativo como angustioso...
En cambio, la cosmovisión opuesta radica en creer que todo está regido por un conjunto de leyes superadoras, aunque mayormente misteriosas. Definitivamente, cada detalle de la existencia cobra sentido, confiando en que las adversidades que pudieran presentarse servirían para crecer. Es más: la incertidumbre que implica vivir se torna atractiva. En ausencia de todo miedo, lo más probable es que:
  • Se vea sólo abundancia en la naturaleza y se la cuide como a la propia casa.
  • Se vea al otro como un hermano o un socio y se ponga en marcha la cooperación.
  • Se vea la riqueza que encierra la diversidad, aprovechándola como corresponde.
  • Se vea con claridad cuáles son los dones propios y se los aplique dichosamente a cumplir con una misión.
  • Se vea el dinero como una simple herramienta y nada más
  • Se vea cada día por vivir como un regalo maravilloso y se agradezca absolutamente todo lo que éste traiga.
Finalmente, imagino que, a medida que todos nos acerquemos a la segunda opción, este mundo se asemejará cada vez más al segundo escenario del milenario cuento "Las cucharas largas". He aquí una versión de ese cuento:
Un curioso quería saber cómo eran el cielo y el infierno. Su obsesión se fue acrecentando, hasta que una noche soñó que alguien lo invitaba a visitar un campo donde había una gran olla repleta de exquisitos manjares. Alrededor de esa olla se encontraba un grupo de personas, todas tristes, delgadas y de mal aspecto. Cuando siguió mirando, comprobó que todas tenían en las manos una cuchara demasiado larga, de manera que nadie podía llevársela a la boca. "Estamos en el infierno", le dijo el guía.

Después, éste le anunció que lo llevaría a conocer el cielo. De repente, el hombre, extrañado, vio que todo parecía ser exactamente igual que antes: las personas con sus largas cucharas y la olla con abundante comida. Sin embargo todos estaban felices, parecían sanos y bien alimentados. Cuando se fijó mejor, observó cuál era la diferencia: allí se daban de comer unos a otros.


El autor es conductor del programa Integrantes (Radio El Mundo).

Desarrollo
Ponte en la presencia del Señor, pídele al Espíritu Santo, que te de discernimiento y busca en el siguiente pasaje, cuál es la frase que se repite dos veces.
Mateo 28:1-20
Aplicación
Expone delante del Señor, cuáles son las causas y azares que generan miedo en ti, que te inmovilizan, que te quitan visión y discernimiento.
Mientras oras, junto a tus hermanos de comunidad, ve declarándote sano/a de cada una de ellas, porque confías en que Jesús está contigo para darte seguridad.
Cuando dudes, cuando temas, cuando creas que no se puede, pregúntale: ¿Qué debo hacer Señor?

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