Fariseos siglo XXI

En esta era del conocimiento en la que vamos transitando, si nos distraemos un poco, parecería que nuestra vida está sometida a las leyes del saber, del conocer, de estar informados de todo, de otra forma la ansiedad nos domina y perdemos la paz.
Los discípulos, no somos ajenos a esta realidad y estamos expuestos a trasladar a ese ámbito las Enseñanzas de nuestro Maestro. Enseñanzas que no está de más recordar, son de praxis, de vida, más que de conocimiento.
Nuestro Señor, se encontró con una situación similar durante su ministerio terrenal y nos dejó escrito por medio de Mateo, algunas recomendaciones al respecto. Mateo 11:25-30.
Empieza el Señor dando gracias al Padre porque lo que Él necesita que entendamos, no está condicionado por la capacidad intelectual, ni el atesoramiento de grandes y elucubrados conocimientos, sino todo lo contrario, en la capacidad de vaciarse de todo, de humillarse al punto de saberse ignorante y sediento para poder recibir lo que nos quiere dar a entender.
¿A quién se dirigía en ese momento? ‘El judío estaba envuelto en 613 prescripciones del código mosaico, reforzadas de tradiciones sin número; la vida del fariseo era una intolerable servidumbre. El último libro de la Mishna, que comprende doce tratados, está todo entero consagrado a estas prescripciones minuciosas. Imposible dejar su casa, tomar alimento, hacer una acción cualquiera sin exponerse a mil infracciones. El temor de caer en ellas paralizaba el espíritu y anulaba el sentido superior de la moral natural. Toda la religión degeneraba en un formalismo mezquino.’[1]
¿Qué les/nos ofrece a cambio? ‘Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré’ Es decir, vengan a mi escuela de vida, dejen de afligirse y agobiarse tratando de aprender tantas cosas que, no sólo les quitan la paz, sino que además les impiden ponerlas en práctica.
¿Quieren un yugo, es decir una doctrina? Les ofrezco mi doctrina – dice Jesús – que es una doctrina soportable – sin dejar de ser exigente – y es liviana de llevar, porque no es necesario llenarse de reglas y andar cargándolas por la vida, sino que alcanza vivir como Él nos enseña a hacerlo.
En la mansedumbre que se opone a la imposición de quien todo cree saberlo y en la humildad que lo hace a la soberbia de los eruditos habremos de recibir nuestros títulos y especializaciones.
Ahora bien, ¿cómo se hace para matricularse en esa escuela rabínica?
Cuenta Santa Margarita refiriéndose al momento de recibir las revelaciones del Sagrado Corazón:  
 ‘Jesús le pide en seguida su corazón, el cual ella le rogó que tomara.
Y lo hizo poniéndolo en su corazón donde se lo enseñó como un pequeño átomo que se consumía en aquella ardiente hoguera.  El corazón de Santa Margarita se convierte al contacto con el Corazón de Jesús, en llama encendida, llama que viene del corazón de Jesús.  Jesús se lo saca y se lo vuelve a poner en el pecho de la Santa, como una llama ardiente en forma de corazón. Esta llama nunca se consumirá’
Así se matriculó Margarita. ¿es posible que podamos hacerlo nosotros también?
Nuestro Señor, no enseñó desde una cátedra, ni dio conferencias. No escribió libros. En su comunidad con los doce, les mostró con su vida, lo que quería que aprendieran y enseñaran a todas las naciones.
Les/nos dijo a los discípulos: ‘El Espíritu es el que da vida, la carne no vale nada. Las palabras que les he dicho son espíritu y vida’. Juan 6:63
No se trata de andar por ahí diciendo herejías por ignorancia, pero cuando nos gane la ansiedad porque parece que no sabemos lo suficiente, cuando nos venga la excusa de que no hacer porque ‘no estamos preparados’ recordemos lo que reflexionó la santa:  
‘Si ven en vosotros un sinnúmero de impaciencias y enojos, arrójenlos en la fragua de la mansedumbre del amable Corazón de Jesús, para que los haga mansos y humildes’.
‘Si nadan en un mar de distracciones, sumérjanlas en el fondo de tranquilidad del Sagrado Corazón, que les alcanzará indefectible victoria".





[1] Prat, La théologie de St. Paul (1938) vol.l p.28

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