¿Soy una nueva persona?

Una hermana de comunidad nos preguntaba: ¿Cómo puede alguien estar seguro de ser una persona nueva?
Lo primero que vino a nuestra mente, es lo que Pablo le escribía a los Corintios: ‘Si alguno está en Cristo, nueva criatura es’1 y contestar: Se es una nueva persona estando en Cristo, lo que sin duda, derivaría en una nueva pregunta: ¿Cómo se está en Cristo?

Como esta misma cuestión se le planteó a Nicodemo, reflexionemos sobre este episodio, para ver si le podemos dar luz a la interrogante.

Leemos en el evangelio de Juan 2, que Nicodemo (que era una persona respetuosa de la Ley, y de la cual el Catecismo nos enseña ‘era en secreto discípulo de Jesús’ 3) se presenta al Maestro para aclarar el tipo de dudas, que cualquiera de nosotros, discípulos siglo XXI, podemos tener.

Como muchos de nosotros, su primera aproximación, la hace desde los signos: "Maestro, sabemos que tú has venido de parte de Dios para enseñar, porque nadie puede realizar los signos que tú haces, si Dios no está con él". Como muchos de nosotros, hemos creído en Él, tan sólo luego de haber visto manifestada su Gloria, en nosotros mismos, o en alguien muy cercano a nosotros. Hemos sido atraídos por sus milagros, sus señales, prodigios y maravillas. Y vamos por más.

Jesús, no se anda con discursos, ni sesudas explicaciones y en una corta frase, le explica, nos explica, todo lo necesario para aclarar cualquier duda de doctrina: ’Te aseguro que, si uno no nace de nuevo, no puede ver el reino de Dios’

La siguiente pregunta de Nicodemo, es la misma vieja y repetida excusa, que muchas veces argüimos. Que ya estamos viejos, que nuestras costumbres están muy arraigadas, que hemos tratado muchas veces de cambiar, que… ¿Cómo vamos a hacer para tener una nueva vida?

Como nosotros, Nicodemo trataba de encontrar mecanismos para acomodar moralmente su vieja vida, remendar el viejo género, emparchar el viejo odre. Jesús es terminante, eso no es lo que te estoy diciendo, sino que: ‘Te aseguro que, si uno no nace del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios’

Notemos que no dice del agua o del Espíritu, sino que dice del agua y del Espíritu, dos aspectos de nuestra vida que necesitan ser atendidos conjuntamente, ‘De la carne nace carne, del Espíritu nace espíritu’ El bautismo del agua para la carne y el bautismo del Espíritu para el espíritu. Dejemos los aspectos rituales para los exegetas bíblicos, y concentrémonos en el efecto.

Muchas veces nos encontramos con hermanos, muy buenos, muy santos, que cuidan de observar los mandamientos y la sana doctrina. Sin embargo no tienen una buena relación con Jesús. Viven vidas mustias, sus oraciones son rutinarias, su vida en comunidad es casi una obligación. No conocen y no buscan las gracias y los carismas que el Espíritu Santo les puede regalar.

En otros tramos del camino nos cruzamos, con otros hermanos, que parecen fuegos artificiales, alaban, adoran, alumbran con su alegría, contagian con su optimismo, pero su brillo es fugaz, es pasajero, estallan por allá arriba y caen al piso como una cañita quemada. Son aquellos que saben invitar al Espíritu a su vida, lo dejan entrar, pero no aspiran a la santidad y rápidamente se olvidan de las promesas hechas y volviendo a los viejos errores, apagan el Fuego.

Jesús insiste, del agua – para conversión – del Espíritu - para consolidación. Del bautismo y las advertencias de Juan el Bautista4 y de la promesa de Juan Evangelista5

Es que no pueden separarse. Podemos ser maestros de la Palabra, cabezones como Nicodemo, que siendo maestro de la ley, la sabía recitar pero no la sabía discernir6, podemos repetir todo el Deuteronomio, pero sabremos el qué, pero el no para qué, no habremos nacido de nuevo.

Es imposible separar el Espíritu de la gracia, porque es Gracia pura, Él es quien convence. Ahora es la hora, cuando debemos adorar no sólo en Espíritu sino en verdad. De nada sirven nuestras alabanzas, nuestras oraciones y cánticos en lenguas, si no hay fruto de conversión en nuestra vida, sin ellos no habremos nacido de nuevo.

Con Jesús, nada es difícil de entender, su palabra es cristalina, es diáfana. El nos enseña que no perdamos tiempo y calidad de vida, tratando de reparar nuestro cacharro viejo. Tirémoslo y adoptemos una vida nueva. Vamos a sufrir menos, no tendremos traumas, no tendremos conflictos, no nos agotaremos.

Ahora quizás podamos ensayar una respuesta más completa a la pregunta del inicio:

Sabrás que eres una nueva persona, cuando realmente estés en Cristo, cuando pienses como Él, cuando actúes como Él, cuando vivas para servir a tus hermanos y para glorificar al Padre, y eso vas a poder lograrlo únicamente cuando nazcas, de nuevo, del agua y del Espíritu.

Notas:
1.-(2 Co.5:17)
2.-(Cap. 3)
3.-595
4.-Mateo 3:1-13
5.-Juan 16:6-15
6.-Juan 3:10






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