sábado, 8 de noviembre de 2008

La Verdad te hará libre

Introducción:
Cuando cualquier persona comienza a andar en el Camino, pasado el deslumbramiento, que muchas veces lo atrajo a él, se encuentra con una serie de conflictos personales, respecto a lo que percibe como nuevas ‘normas de conducta’ y ‘obligaciones’ que antes no tenía.
Si esa percepción es más fuerte que su ‘nostalgia de Dios’, puede llegar a caer en lo de aquellos primeros discípulos, que exigidos por las Enseñanzas del Maestro, le dijeron ‘dura palabra es la tuya’ y sin más dieron media vuelta si se marcharon, quizás, perdiéndose para siempre.
Como discípulos de Cristo, tenemos que lograr entender este proceso y a su vez, tenemos que saber dar razón del porqué, lo que para los inmaduros es obligación y compromiso, para nosotros es ‘Libertad en el Espíritu’
Reflexionemos con la ayuda del Espíritu Santo, en base al siguiente pasaje del Evangelio: Juan 8:32 ‘y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres’
Hagamos nuestra reflexión con el método ‘Lectio Divina’ que estudiamos sábados atrás, tomando como eje la frase, pero analizando todo el contexto.
Desarrollo
Algunas preguntas para que te sirvan de guía, anota tus respuestas para compartirlas en comunidad:
  1. ¿qué dice el texto?
  2. ¿quiénes son los protagonistas?
  3. ¿qué hacen?
  4. ¿quién habla?
  5. ¿a quién habla?
  6. ¿qué creen ellos y qué argumentan?
  7. ¿qué significan para tí?
  8. ¿por qué me impactan?
  9. ¿qué sientes ante la situación?
  10. ¿te parece que la situación tiene algo que ver contigo?
  11. ¿qué te sugiere?
  12. ¿qué ilumina?
  13. ¿qué reclama de tí?
Iluminados por el Catecismo, inspirémonos en la cita de San Basilio: O nos apartamos del mal por temor del castigo y estamos en la disposición del esclavo, o buscamos el incentivo de la recompensa y nos parecemos a mercenarios, o finalmente obedecemos por el bien mismo del amor del que manda...y entonces estamos en la disposición de hijos. CIC cf 1828
Aplicación
Cuando anotes tus respuestas y pienses en la libertad en Cristo, no tengas en cuenta únicamente que Cristo te hace libre del pecado y de la muerte, piensa en tus prejuicios, en lo pesado que te puede resultar compartir la Eucaristía con tus hermanos, asistir asiduamente a la comunidad, aceptar dócilmente la autoridad, decláralo con sinceridad.
Deja a Jesús, seguir obrando en tu vida y si tu rebeldía te pone obstáculos, pregúntale con confianza: ¿Qué debo hacer Señor?

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