Vayan y hagan discípulos

Introducción:

Seguimos en este tiempo de Pascua, con los sentidos atentos a lo que nuestro Señor Jesús, vivo y resucitado, nos instruye, para que como sus Discípulos y Misioneros, andemos conforme a su Corazón.

La palabra de Dios nos dice en la reunión de hoy: "Vayan, pues, y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado; y ¡recuerden! Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo." Mat 28:19-20
 
Pidamos al Espíritu Santo que nos de discernimiento para asimilar y poner por obra lo que Jesús nos manda.
 
Aprovechemos también para recibir en comunidad, el documento del 27/04/09 que las autori-dades de nuestra iglesia, los obispos, reunidos en la Conferencia Episcopal Uruguaya, nos han comunicado, analicemos a continuación un extracto del mismo, en lo que atiende a aspec-tos prácticos de la misión evangelizadora a la que hemos sido llamados.
 
Desarrollo

MISIÓN CONTINENTAL PARA UNA IGLESIA EN ESTADO DE MISIÓN PERMANENTE

A dos años del acontecimiento de Aparecida y en camino hacia un nuevo Pentecostés, quere-mos dirigirles nuestra palabra para despertar y alentar en todas nuestras comunidades el entu-siasmo y el compromiso con la Misión Continental. “No habrá nunca evangelización posible sin la acción del Espíritu Santo”… “si el Espíritu de Dios ocupa un puesto eminente en la vida de la Iglesia, actúa mucho más en su misión evangelizadora. No es casualidad que el gran co-mienzo de la evangelización tuviera lugar la mañana de Pentecostés, bajo el soplo del Espíritu. El Espíritu Santo es el agente principal de la evangelización” (EN 75).

Aparecida apunta a redefinir la identidad de los bautizados y, en consecuencia, la identidad de la comunidad de los bautizados, es decir, de la Iglesia. Esta identidad incluye el binomio: discípulo – misionero. Es lo mismo decir que el cristiano es alguien que ha sido “llamado” (“vengan y vean” – Jn 1,39) para ser “enviado” (“vayan y anuncien” – Mt 28, 16-.20; “Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes” – Jn 20, 21).

La Misión, antes que un programa de acción pastoral - una actividad pastoral -, es un llamado de Dios a la Iglesia para que recupere su identidad de Comunidad de Discípulos - Misioneros de Jesucristo.

Estas motivaciones fundamentan lo expresado en el numeral 144 de Aparecida: “todo discípu-lo es misionero, pues Jesús lo hace partícipe de su misión, al mismo tiempo que lo vincula a Él como amigo y hermano. La misión no es una tarea opcional, sino parte integrante de la identidad cristiana.” “La Misión es la razón de ser de la Iglesia y define su identidad más pro-funda”

“La Iglesia debe cumplir su misión, siguiendo los pasos de Jesús y adoptando sus actitudes (cfr. Mt 9,35-36)”

Desde estas afirmaciones es que, cuando nos preguntamos ¿qué es la Misión Continental?, la describimos como:

• Un impulso misionero animado por el Espíritu Santo en toda la Iglesia en América Latina y el Caribe. Cuyo objetivo fundamental es poner a la Iglesia, y a todos en la Igle-sia en un “estado de misión permanente”. Esto implica “pasar de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera” y ayudar a que todos en la Iglesia seamos también decididamente servidores de la Vida.
 
• Utilizando el método de Jesús, el estilo de Jesús: preguntar, escuchar y ofrecer una experiencia de encuentro con el Señor que llena de alegría y de sentido nuestras vidas.

• Se trata de salir más que quedarse en nuestros templos, esperando a los que vengan; de hacer “que la Iglesia se manifieste como una madre que sale al encuentro, una casa acogedora, una escuela permanente de comunión misionera”

• La tarea evangelizadora no es solo transmitir una doctrina, sino dar un testimonio na-cido de la experiencia. La experiencia de Dios es señalada en Aparecida como el eje fundamental de la Misión de la Iglesia.

• “La Iglesia no hace proselitismo. Crece mucho más por atracción: como Cristo ‘atrae a todos hacia sí’ con la fuerza de su Amor” (Homilía de Benedicto XVI en la Misa Inau-gural de Aparecida, 13 de mayo de 2007).

• Es un camino de transformación eclesial y social, pues el Evangelio da Vida a las personas, a las comunidades, a las culturas. La Misión Continental propone ofrecer nuestro servicio evangelizador a toda la sociedad.

“La vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. De hecho, los que más disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad de la orilla y se apasionan en la misión de comunicar vida a los demás... Aquí descubrimos otra ley profunda de la rea-lidad: que la vida se alcanza y madura a medida que se la entrega para dar vida a los otros. Eso es en definitiva la misión” (DA 360).

¿Qué es lo diferente, lo nuevo, que proponemos hoy a nuestras comunidades? Fundamental-mente se trata de cultivar la actitud de ir al encuentro de las personas, las familias, los ambientes, dispuestos a descubrir y valorar lo que hay de acción de Dios en ellos. Este criterio nos permitirá revisar nuestras experiencias “misioneras” y encarar nuestras “misiones” con un espíritu nuevo. Puede servirnos preguntarnos: ¿a qué vamos?, ¿a quiénes vamos?, ¿qué es lo que llevamos?, ¿cómo lo hacemos?

Retomar la opción por las Comunidades Eclesiales de Base (la base de la Iglesia y la Iglesia en la base) donde los bautizados son evangelizados y se convierten en evangeli-zadores
 
Aplicación

Tú que estás leyendo estas líneas, eres un discípulo de Cristo. Quizás ya has tenido un en-cuentro con Jesús Resucitado, encuentro que te empuja a ser un misionero, a compartir con los demás tus testimonios de Vida, a llevarles la Esperanza que te ha sido regalada.

O quizás como algunos de los apóstoles, también dudas, y todavía no estás del todo convencido, de que quien te está hablando, no es sólo un buen hombre que pasó por la tierra hace 2.000 años, a profetizar y a hacer rico en buenas obras y en palabra. No estás del todo convencido de que Jesús es el hijo de Dios. Por eso el viene a tu encuentro una vez más en este día para mostrarte su costado traspasado, las heridas en sus manos y en sus pies, y a decirte, que su pasión sólo valió la pena, si tú como discípulo junto con todos los hermanos que ya se han convencido, eres capaza de continuar con su Plan.

La novedad es que si bien nunca estuvimos solos en esto, hoy no somos una mano que muestra una dirección o un pie, que se apura por salir y tironea, ahora todo el Cuerpo Místico de Cristo, es decir su Iglesia, se pone de pie, se ciñe como varón valiente, se llena del Espíritu Santo y deja el aislamiento y la comodidad, deja la seguridad de la orilla y se apasiona en la misión de comunicar vida a los demás.

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