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Mostrando entradas de junio, 2010

El qué y el cómo

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Luego de la fiesta de Pentecostés, pensando en las posibilidades que el Espíritu Santo nos puede dar lingüísticamente, un nuevo lenguaje para alabar a Dios y un nuevo lenguaje para hablar de Dios, nos planteamos la cuestión: ‘qué necesita escuchar la gente’.
De la respuesta, que necesita tanto ‘escuchar’ como ‘ver’, el amor de Dios en acción, llegamos a la conclusión, que ese amor se manifiesta a través de sus discípulos, es decir de nosotros. Nos cuestionamos el porqué de nuestra incapacidad de poner en obras lo que decimos creer y nos descubrimos hablando de nuestro egoísmo.
Buscando la ayuda del Señor, para vencer esta limitación, nos encontramos con la recomendación de Pablo: es preciso recordar las palabras del Señor Jesús: 'La felicidad está más en dar que en recibir'. (Hechos 20:35) Una vez más, nos sorprendió la sencillez de la fórmula. Una vez más el Señor nos dice el ‘qué hacer’.
En nuestro diario vivir, encontramos diagnóstico para todo. Por lo general, con la persona …

El obstáculo del yo

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Avanzando en nuestra reflexión, nos encontramos conque uno de los obstáculos que nos impedían mostrar el amor de Dios en acción, a través nuestro, era nuestro egoísmo. Es decir, según la RAE un Inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás.

Paradójicamente, si recordamos un poco, la experiencia nos ha enseñado que cuánto más tratamos de lograr nuestro propio interés, más desconformes estamos con los resultados que obtenemos. Parece que nunca alcanzara. Parece que logrado uno de los objetivos, ya están en lista de espera tres más, sin los cuales, nuestra felicidad se aleja, más aún que antes de alcanzar el primero de ellos.

También paradójicamente, hemos de coincidir en la satisfacción que nos llena el corazón, cada vez que hacemos algo por alguien, por el sólo hecho de hacer el bien, no buscando nada a cambio, ni por nuestro propio interés.

Sin un equilibrado amor propio, no serviríamos, ni a Dios, ni a los dem…

Amor en acción

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En la reflexión anterior hablábamos de que era posible mostrar el amor de Dios, a las personas, al hombre común, a través de las obras de Jesús actuando en nosotros por medio del Espíritu Santo y decíamos:

Cada vez, que hagamos algo por alguien, un consejo, una oración, un plato de comida caliente, que todos sepan que no viene de nosotros sino del amor de Dios, actuando a través de nosotros.

Debemos reconocer que la mayoría de las veces, el verdadero obstáculo para que esto se cumpla, somos nosotros mismos, con nuestros conflictos, nuestros sentimientos, nuestras pasiones. Somos quienes nos oponemos al fluir del amor de Dios, que mora en nuestras vidas, por los méritos de Jesucristo.

Y como siempre nos estamos excusando, porque no nos gusta quedar en evidencia cuando estamos fallando, ponemos bien lejos de nuestras capacidades el poder manifestar ese amor. Que esto es demasiado difícil, que aquello es algo para lo que no estoy preparado, que todavía soy inmaduro, y la lista sigue.

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¿Qué necesita ver la gente?

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Cuando la semana pasada nos preguntábamos ¿Qué necesita escuchar la gente?, algunos hermanos coincidieron en que la gente común quisiera saber si Dios realmente los ama, y agregaban, en realidad, más que escuchar quieren ver, comprobar que es así. Es lógico, en un mundo que se ha convertido en un mercado - donde llegan propuestas de todo tipo, para ofrecer satisfacción a las distintas necesidades, y donde no hay tales necesidades, se aprenden técnicas para crearlas - que el hombre común trate de saber si lo que se le ofrece es real, o una de las tantas promesas que recibe a diario.
Hemos aprendido y comprendido que si queremos ver el amor de Dios, tenemos que mirar la Cruz, ‘Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna Juan’ 3:16Pero eso le hemos conocido luego de abrir nuestro corazón a Cristo. Quizás ya nos hayamos olvidado de cómo éramos antes de ese momento, pero como el hombre común, quizás también nos…